Acompáñese esta delicada imagen de María Callas con la voz de su dueña, interpretando "O mio babbino caro", de Giacomo Puccini (1858-1924).

Para el poeta Luis Rosales "la tristeza es la tierra del hombre": nostalgia de casa grande de la infancia, que los hermanos tardaron en abandonar hasta que fue agrietándose con la vida, y que recuerda en juegos y en amores:
"y como iba cayendo la sombra sobre el mundo… yo reuní para ti, como en un ramo, todas las palabras verdaderas,... te puse para siempre, sobre los labios, el nombre de María.
…Y puede ser que aquella casa siga aún creciendo sin paredes,… con aquella alegría de madre con ventanas que hablaban todas a la vez, para decirnos que no hay tarde sin sol, ni luz que no caliente las mieses y las manos",

En La casa encendida, Rosales ilumina con la claridad del verso libre las delicadas e intimistas imágenes que componen su estructura narrativa. El detalle insignificante cobra valor poético.
Libremente, he reunido aquí sus versos en una prosa que quiere acercarnos a lo que conoce bien: en un ambiente melancólico, vemos la habitación iluminarse con el recuerdo de su enamorada y de la madre, en la casa con vistas.


Agradezco a Salvador Bergoñón su video "Una habitación con vistas, 2", preferiblemente acompañado por la poesía de Rosales, en La última luz (1951)
Eres de cielo hacia la tarde, tienes
ya dorada la luz en las pupilas,
como un poco de nieve atardeciendo
que sabe que atardece.
                                    Y yo querría
cegar del corazón, cegar de verte
cayendo hacia ti misma
como la tarde cae, como la noche
ciega la luz del bosque en que camina
de copa en copa cada vez más alta,
hasta la rama isleña, sonreída
por el último sol,
                          ¡y sé que avanzas
porque avanza la noche! y que iluminas
tres hojas solas en el bosque,
                                              y pienso
que la sombra te hará clara y distinta,
que todo el sol del mundo en ti descansa,
en ti, la retrasada, la encendida
rama del corazón en la que aún tiembla
la luz sin sol donde se cumple el día.

Por eso cualquier día, al llegar a nuestra casa chica, en donde todos comenzamos a tener habitación individual y nombre propio, si el cielo está limpio y nos deja ver iluminadas las ventanas, podemos decir con el poeta:
"Gracias, Señor, la casa está encendida".

Por mi parte, agradezco yo a Servando Gotor la publicación del poema de este título, de Luis Rosales en su blog.

Erri de Luca dice que los edificios viejos contienen trapas en las paredes, pasajes secretos, delitos y amores: son nidos de fantasmas (El dia abans de la felicitat, 2009) En esto son como las personas, que aprendemos a hacernos viejos, maduramos, a la manera de un edificio: resulta habitable porque ha sido habitado.

 



Escalera de casa de vecinos con iluminación cenital, en Lyon (siglo XVIII),
donde son frecuentes los traboules, pasos interiores de una a otra finca.

En la ciudad, lugar común del ciudadano, sedimentan los siglos en forma de piedra y se sobreponen las vidas humanas para formar su alma.
Si creemos a Antonio Tabucchi (Se está haciendo cada vez más tarde, 2002), el alma está en una minúscula gota de todo el riego sanguíneo, pero ¿cuál es la sangre de una ciudad, sino sus glóbulos ciudadanos? ¿En cuál? Al parecer, en una selección nada representativa, en una sola palabra del escritor, en una única nota del músico, en la pincelada maestra del pintor. El resto somos prescindibles, aunque necesarios para dar a la sangre su característico color rojizo.
Los glóbulos necesitamos luz para seguir siendo, rojos o blancos, la luz es nuestro contraste yodado en el laboratorio urbano.
En el Nápoles de Erri, los cristales de las ventanas se pasan el sol entre ellos, de los pisos más altos a los más bajos, de arriba hacia abajo de una calle, en una cascada de espejos. Es un efecto buscado por quienes los montan.



Torre del Centre Cívic Can Déu, en la plaza de la Concordia, de Barcelona.
Se ofrece de pantalla, e ilumina intensamente el cielo azul, en una tarde de otoño.
Su visión reconforta el alma.

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  1. Acompáñese esta delicada imagen de María Callas con la voz de su dueña, interpretando "O mio babbino caro", de Giacomo Puccini (1858-1924).

    Para el poeta Luis Rosales "la tristeza es la tierra del hombre": nostalgia de casa grande de la infancia, que los hermanos tardaron en abandonar hasta que fue agrietándose con la vida, y que recuerda en juegos y en amores:
    "y como iba cayendo la sombra sobre el mundo… yo reuní para ti, como en un ramo, todas las palabras verdaderas,... te puse para siempre, sobre los labios, el nombre de María.
    …Y puede ser que aquella casa siga aún creciendo sin paredes,… con aquella alegría de madre con ventanas que hablaban todas a la vez, para decirnos que no hay tarde sin sol, ni luz que no caliente las mieses y las manos",

    En La casa encendida, Rosales ilumina con la claridad del verso libre las delicadas e intimistas imágenes que componen su estructura narrativa. El detalle insignificante cobra valor poético.
    Libremente, he reunido aquí sus versos en una prosa que quiere acercarnos a lo que conoce bien: en un ambiente melancólico, vemos la habitación iluminarse con el recuerdo de su enamorada y de la madre, en la casa con vistas.


    Agradezco a Salvador Bergoñón su video "Una habitación con vistas, 2", preferiblemente acompañado por la poesía de Rosales, en La última luz (1951)
    Eres de cielo hacia la tarde, tienes
    ya dorada la luz en las pupilas,
    como un poco de nieve atardeciendo
    que sabe que atardece.
                                        Y yo querría
    cegar del corazón, cegar de verte
    cayendo hacia ti misma
    como la tarde cae, como la noche
    ciega la luz del bosque en que camina
    de copa en copa cada vez más alta,
    hasta la rama isleña, sonreída
    por el último sol,
                              ¡y sé que avanzas
    porque avanza la noche! y que iluminas
    tres hojas solas en el bosque,
                                                  y pienso
    que la sombra te hará clara y distinta,
    que todo el sol del mundo en ti descansa,
    en ti, la retrasada, la encendida
    rama del corazón en la que aún tiembla
    la luz sin sol donde se cumple el día.

    Por eso cualquier día, al llegar a nuestra casa chica, en donde todos comenzamos a tener habitación individual y nombre propio, si el cielo está limpio y nos deja ver iluminadas las ventanas, podemos decir con el poeta:
    "Gracias, Señor, la casa está encendida".

    Por mi parte, agradezco yo a Servando Gotor la publicación del poema de este título, de Luis Rosales en su blog.

    Erri de Luca dice que los edificios viejos contienen trapas en las paredes, pasajes secretos, delitos y amores: son nidos de fantasmas (El dia abans de la felicitat, 2009) En esto son como las personas, que aprendemos a hacernos viejos, maduramos, a la manera de un edificio: resulta habitable porque ha sido habitado.

     



    Escalera de casa de vecinos con iluminación cenital, en Lyon (siglo XVIII),
    donde son frecuentes los traboules, pasos interiores de una a otra finca.

    En la ciudad, lugar común del ciudadano, sedimentan los siglos en forma de piedra y se sobreponen las vidas humanas para formar su alma.
    Si creemos a Antonio Tabucchi (Se está haciendo cada vez más tarde, 2002), el alma está en una minúscula gota de todo el riego sanguíneo, pero ¿cuál es la sangre de una ciudad, sino sus glóbulos ciudadanos? ¿En cuál? Al parecer, en una selección nada representativa, en una sola palabra del escritor, en una única nota del músico, en la pincelada maestra del pintor. El resto somos prescindibles, aunque necesarios para dar a la sangre su característico color rojizo.
    Los glóbulos necesitamos luz para seguir siendo, rojos o blancos, la luz es nuestro contraste yodado en el laboratorio urbano.
    En el Nápoles de Erri, los cristales de las ventanas se pasan el sol entre ellos, de los pisos más altos a los más bajos, de arriba hacia abajo de una calle, en una cascada de espejos. Es un efecto buscado por quienes los montan.



    Torre del Centre Cívic Can Déu, en la plaza de la Concordia, de Barcelona.
    Se ofrece de pantalla, e ilumina intensamente el cielo azul, en una tarde de otoño.
    Su visión reconforta el alma.

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  2. Parecen nuestro alimento cotidiano. Ideas preinstaladas de las que vivir mientras se crea en ellas: queviures son vituallas, maná para hambrientos, oropeles para listos…
    Para andar el camino…
    La Acacia de flor blanca se carga de racimos de flores fragantes, que al final del verano maduran en forma de vainas de legumbre.

    Las ideas son como el maná que alimentó al pueblo judío durante su éxodo. Son como el pan y quesito, la flor de la humilde acacia, que pueden comer los animales herbívoros de cuatro patas y los humanos hasta la edad de unos 10 años: si se inicia uno más tarde, la flor sigue siendo comestible pero sólo los viejos comensales le encuentran la gracia. 
    Por alguna razón, para Rainer Maria R. "la verdadera patria del hombre es la infancia"

    Alan nos muestra en su Sistema Ideológico Central la forma en que la mente interactúa con el entorno ideológico mediante el lenguaje. Yo me limito a trasladarlo libre y honestamente:
    Una idea entra en nuestra mente y siembra una duda, "sugerencia de pensamiento nuevo". Nuestros prejuicios la acosan a preguntas: si supera el interrogatorio, sea por sintonía con el código moral imperante, o porque no ha podido ser refutada, la idea nueva se aloja en el vestíbulo del cerebro. Sobre todo si nos llegó por vía oral, que es la forma más efectiva de inducir a prestarle oído a algo nuevo, y desde él resonar en la memoria.

    Nuestro código de conductas se protege de nuevas ideas para seguir siendo pero, una vez infectado, se moviliza la fe y la idea intrusa se convierte en creencia por el deseo humano de que algo suceda: ¡ha llegado a tiempo, estoy en manos de la Providencia!, se dicen a sí mismos, ilusionados. Sin esta esperanza, la idea se desactiva, y sobreviene la desilusión.

    Alrededor, las diversas ideologías son campos minados de ideas altamente contagiosas, de las que nos servimos para interpretar la realidad, de manera ilusoria. Al desilusionarnos, sólo cambiamos de ideas y de actitudes, de las que  no podemos prescindir porque nos va la vida incierta en ellas…

    Los prejuicios pueden ser ideas razonables adquiridas con la educación y expuestas al contraste especulativo y al riesgo de perecer en buena lid, como ocurre en la sociedad abierta, o ideas entrenadas para rechazar todo lo que proceda del exterior, porque el infierno es siempre el Otro, como en la sociedad integrista por cerrada. Porque no cabe en la cabeza de nadie la Verdad: es inconmensurable. Pretender poseerla es grave pecado democrático, aunque quizá un mérito teocrático para algunos aprovechados de la ignorancia general.
    Pero los prejuicios no son deberes impuestos por nuestra naturaleza: todo es cultura.

    La razón es la pirita de los listos, decía Yann M. en Vida de Pi. Oro parece, pero sólo es un sulfato de hierro, conocido como oropel. La pregunta oportuna es ¿porqué valorar el oro por encima de cualquier otro metal? ¿Acaso es comestible, como el maná?

    Sobre fondo malva, las fugaces estrellas parecen pan y quesito caído de una acacia…
    No alimentan el cuerpo, pero sacian la imaginación con sólo verlas, 

    porque estamos hechos de la materia de los sueños.
    Agradezco a Gabriela Farina su entrada dedicada al teatro de Shakespeare.
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  3.  
    Aunque parezca palabra del repertorio léxico de Pablo Iglesias -le conocen incluso los golfos-, también lo es de cualquier persona decente, sintonice o no con la ¿nueva? causa regeneracionista.

    Juan José Millás se pregunta con ironía "¿Quién ilumina ahora mismo el mundo?" porque, habiendo tan mala sombra en España, "la gente de Podemos no ha hecho de momento otra cosa que cambiar la iluminación y ya la película parece otra".

    Para Enrique Gil, Podemos es un "gran movimiento mesiánico predestinado a redimir a España del pecado original cometido por los padres fundadores del régimen de la transición" que inaugura una identidad con una puesta en escena "Lo que se dice hacer un Butler: de la performatividad al empoderamiento"

    Luisgé Martín califica de populista el mensaje político de Podemos "porque lo complicado no es enunciar el objetivo, sino alcanzarlo, tomando decisiones concretas en este mundo concreto, que es el único que existe".
    Sin embargo, entiende que en nuestro actual estado de descomposición "cambiar el lenguaje, la mirada" sobre las cosas y las palabras desgastadas y hueras pueda tener un efecto catártico, aunque sin olvidar el necesario revulsivo pedagógico que barra los valores socialmente aceptados en la cultura ambiente: el pelotazo, la pillería, el escaqueo y la clientelismo.

    A Juan F. López Aguilar le resulta sospechosa la simplificación de la complejidad que practica Podemos, siendo "seña de identidad del pensamiento de izquierdas" que nada quede fuera de toda sospecha.


    Y para Emilio Lledó, en Los días y los libros, “La patria es algo que cada individuo construye desde la decencia y claridad de su propio ser” (50) gracias a la libertad, racionalidad y sensibilidad con que construimos nuestro lenguaje, nuestra mirada sobre conceptos que son universales, como el deber y el ser.
    La patria de cada uno es “entrar en razón”, cultivando la memoria y una mirada clara e iluminadora sobre el pasado (53), pues la maldad y la irracionalidad también se construyen, no son producto de la casualidad (54):
    sin pasado ni presente, [el futuro] parece más bien un grotesco salto en el vacío” (55)

    En España hemos sabido encontrarle una segunda lectura a dichos en apariencia inocentes, como los de "vive y deja vivir", "allá donde fueres, haz lo que vieres"... De expresar una sostenible actitud de adaptación al medio sin interferir en su desarrollo, han pasado a otra más interesada por la que permitimos cualquier cosa a cambio de que también a nosotros se nos permita cualquier otra. Somos tan tolerantes que excusamos nuestra debilidad tras la tentación que, inevitablemente, siempre vive arriba.

    Eugenio Fernández Granell explica en Ensayos, encuentros e invenciones (1998) la manera en que en su juventud los estudiantes cortejaban a sus novias: desde la calle, subidos a una escala o a lo alto de una torre, asomadas ellas al balcón o a una ventana. Así es como abundan tantas jóvenes asomadas en los cuadros de Murillo, Goya, Manet y Picasso (72).
         

    Agradezco a Camila Salinas la publicación tanto de la imagen de la pintura de Bartolomé Esteban Murillo “Gallegas a la ventana”, como de su recreación fotográfica.

    José O. explica en Velázquez (1987) el caso de Rodrigo Calderón, quizá el primero de mascarada pública. En la España en crisis del Siglo de Oro había escalado en la Administración del Estado y se había enriquecido. ¡Qué extraño! Su desvergüenza le condenó, pero un gesto estilizado de gravedad y señorío ante la muerte le ganó la admiración del pueblo, un golpe de efecto suficiente para hacer de él un héroe ante la opinión (238-240)

    Llámenme populista (y de los baratos, porque no estoy en los círculos), pero me gustaría que la fiscalía actuara de oficio contra los políticos que apuntan con el dedo y no cuentan lo que saben: el famoso 3%, el desvergonzado de no remover una rama para que no caigan las demás, el cínico de pedir perdón para evitar la factura electoral pero sin colaborar con la justicia, y tantos otros ejemplos que me niego a darles un espacio público más de los muchos que ya ocupan por sinderecho propio.
     
     Agradezco a esta web ambos fotogramas de la película de Billy Wilder "La tentación vive arriba" (1955), con Marylin Monroe y Tom Ewell.

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  4. Retrato de Inge Morath, para quien nuestra visión encuentra necesariamente la forma adecuada de expresar lo que la fotografía desvela del alma de las cosas.

    En Los libros y la libertad (2013), Emilio Lledó propone la capacidad de la mirada para interpretar lo observado con asombro, gracias a ese lenguaje propio y cultivado por cada cual: un punto de vista que es conjetura (siempre provisional, dice Karl P., como el horizonte utópico…), el territorio  de las ideas.
    Le leo y anoto libremente, pues para ser puente no podemos hacer otra cosa:
    Las palabras remiten a un mundo de significaciones, mientras las imágenes apuntan al de los objetos, variaciones de la realidad.
    El lenguaje es luz que traslada a la mente la conjetura con la que abstraemos / vemos el mundo (74), y las palabras iluminan porque sus significados las encienden (129).

    La habitación de las ideas es nuestra casa encendida, la caverna donde se suceden imágenes de la realidad cada vez más acertadas, por aproximación de conjeturas a su verdad.

    Agradezco a Héctor Díaz la imagen de la Casa de Pessoa, con el poema que recorre su fachada, en Lisboa.

    Eidos, idea, es lo que se ve con los ojos del cuerpo, pero que se entiende con la inteligencia.
    En la caverna de nuestros cerebros, la superabundancia de imágenes emiten destellos sin calor por el que un ciego no puede dejarse guiar. 
    Para Antoine de S.E. en Piloto de guerra (1942) conocer no es desmontar un mecanismo, ni explicarlo, sino acceder a la visión de una luz repentina pero largamente trabajada, como un duro aprendizaje participando cada uno de su realidad: la guerra era la suya, sin hacer de ella causa. Como se aprende la gramática primero, y luego se ejercita la sintaxis y, de repente, un poema nos toca el corazón y despierta nuestros sentimientos: 

    "entonces contemplaré quizás lo que no tiene nombre. Habré caminado como un ciego que ha sido conducido hacia al fuego por las palmas de sus manos. El ciego no sabría describir el fuego y, sin embargo, lo ha encontrado"

    Agradezco a Javier Noriega la publicación de esta fotografía de Antoine de Saint-Exupéry

    Siguiendo a Lledó, el lenguaje contiene las nociones de verdad, belleza, bien y justicia, sin las cuales no es posible la relación interpersonal en el espacio común y público, en sociedad.
    El lenguaje es fuente de convivencia (45 y 58), una energía que nos transforma en lo que podemos llegar a ser ocupando las dimensiones del tiempo y del espacio, habitando las palabras (37).

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  5.  Agradezco la cabecera al Ayuntamiento de Barcelona

    Munt de mots es un encuentro anual de cuentacuentos con su público, en Barcelona (sólo un lugar en el mundo, entre millones –de lugares, de mundos- donde reunirnos, aunque Tierra es de los mejores que conozco). Ambos utilizan la palabra para trasladarse juntos a latitudes imaginarias pero conocidas por todos. Si falta complicidad se desbarata el munt como castillo de naipes. 

    El relato es excusa para ocupar el tiempo, el excipiente de una píldora que forma parte de un tratamiento completo. La sensación de pérdida o de provecho del tiempo que provoca el relato se debe a la debilidad o a la potencia de su principio activo.
    La complicidad se construye desde el sobreentendido: sin la comprensión -un dato compartible, un andamio que acompaña sin presión ni apenas contacto- no hay aprendizaje, ni goce por el conocimiento adquirido con su ayuda.
    En el principio activo está la palabra, como el Verbo en el origen de la guerra de los mundos.

    Agradezco a esta página la emisión radiada por Orson Wells de su programa
    "La Guerra de los Mundos"

    La palabra, madre de todos los relatos, de todas las batallas. Lo que se disputa es el sentido, la forma de dárselo uno mismo (autoconsumo) y de distribuirlo (consumo global de creencias preinstaladas en la mente)

    El misionero John Starhurst, que en El diente de ballena Jack London mueve de la costa al interior de la mayor de las islas Fidji con ese propósito tan característico (pero no exclusivo de su oficio) de convertir, no necesitó billete de vuelta.
    La ley del lugar era comer o ser comido.
    Pero el mal sigue al bien como su sombra. Y se sabe que los hombres nos vendemos por un abalorio, a condición de que sea bonito…

    Starhurst creía en la fuerza de la Palabra, pero una maza carnicera quebró su fe y su estatura humana.
    Finos buriles de pedernal, imaginamos, se aplicaron luego al despiece ritual de su cuerpo: la palabra hecha carne, la cultura del alimento.
    Mientras unos huimos de otros, otros nos abordan y nos perdemos.

    Su epílogo ronda nuestra mente tiempo después de su lectura: el hombre valiente muere abrasado en el horno, mientras el cobarde vive sólo para explicar lo sucedido. Con su pan se lo coman.

    Agradezco a Manuel Rodríguez la difusión de la fotografía de Inge Morath 
    "Niño llevando una hogaza de pan. Pamplona, 1954"



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  6. Para Emilio Lledó, en Los libros y la libertad (2013), nuestro camino por la vida incierta necesita trasvasar el río de la lengua materna recibida al odre nuevo del lenguaje que nos construye como personas y nos vuelve humanos. Ese contenedor es el puente que permite el tránsito hacia el futuro.
    Camino de piedra en Swinemünde, nombre alemán de la hoy ciudad polaca de Świnoujście,
    en la costa báltica.

    Y Joaquín Rabassa comenta que el lenguaje puede construirnos y liberarnos (como la Revolución cognitiva, el paso del instinto a la razón) o domesticarnos y alienarnos (prejuicios, reflejos socialmente condicionados) 

    El lenguaje es diálogo, porque media entre la naturaleza (cuerpo) y la mente (universo de abstracciones) En el diálogo, el lenguaje entrega su sentido a otro alguien (74). Su ausencia deshumaniza.


    Marcel Appenzzell habitaba la casa de vecinos levantada por Georges Perec en La vida, Instrucciones de uso. Era profesor de etnografía, y estaba dispuesto a dedicar su vida al estudio de una tribu fantasma en un lugar inhóspito, mediante el método de la observación participante.
    Con 23 años marchó a Sumatra. Allí, cada vez que se acercaba a su objeto de estudio, el poblado había sido abandonado. En la selva pasó 5 años sin contacto humano, y perdió el uso de la palabra.

    Aquel pueblo huidizo descendía de una civilización avanzada que experimentó una regresión, como lo probaba su reducido vocabulario: una misma palabra servía para designar una cantidad cada vez mayor de objetos.
    Se sentía expulsado de su territorio por alguna oculta amenaza. 

    El investigador sólo deseaba ser uno más en aquel grupo humano, pero no era aceptado a compartir ni a aprender sus costumbres y creencias. En un cuaderno de notas incomprensibles escribió:
    "Creo conocer bastante el dolor físico. Pero lo peor de todo es sentir
    que se muere el alma"

    A su accidentado regreso a casa, desapareció.
    Agradezco a esta página las imágenes de Un lugar en el mundo,
    de Adolfo Aristarain

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  7. Agradezco a esta página la publicación de este retrato de Joan Antoni Vicent.

    Narcís Comadira nos explica que en Barcelona Silencis el fotógrafo valenciano Joan Antoni Vicent ha perseguido y capturado con su cámara el silencio en una gran ciudad.

    La fotografía es poesía figurativa, porque prescinde del engañoso filtro del lenguaje para crear artefactos significativos pero ambiguos.
    El silencio es sugerido por una luz, una sombra o una figura, y captado visualmente. El silencio es ausencia de presencia humana, es vacío y muerte.

    En la ciudad, el ruido constante (en todas sus formas: ruido físico, mental -publicidad, moda,…- y social -ambición y fama-) nos impide pensar en el prójimo que tenemos tan cerca. No es casualidad que hoy la ciudad sea habitada por un proletariado cultural, perdido entre el ruido.

    Joan Antoni Vicent repite la experiencia en campo abierto y en compañía de Joan Garí por tierras de Castellón, en el cincuentenario de Nosaltres, els valencians, ensayo de afirmación iniciática de Joan Fuster (1962) Así, Josep L. Abad comenta Viatge pel meu país bajo el gozoso título de Quan la llum dels mots passeja en bicicleta.

    El poeta manchego Vicente Núñez regresa a Aguilar de la Frontera escapando del ruido social, y desde allí declara a Carmina preferir el silencio a las palabras, porque "el silencio es corpóreo" y las palabras mienten, hay que tensarlas, “ponerlas en juego”, más para retorcer lo nombrado que para comunicarlo.

    La sintaxis es forma en movimiento, mientras que el fondo se mueve sólo cuando el lenguaje lo azuza. Pero tampoco el silencio es de fiar, porque "es un perro hambriento".

    Palabras de poeta han de ser intuidas más que comprendidas: hambre de ruido del que el silencio es eco, de armonía, ganas de que el relato acabe bien. Ansia de claridad, de que el silencio entregue por fin su significado.

    Para Emilio Lledó, por encima del vaivén de la vida, las ideas recibidas primero y luego pensadas e incorporadas hacen de nosotros un fondo vivo y de apariencia sólida desde el que entender el mundo.
    Quizá por ser silenciosa, la lectura es la actividad más fértil entre las humanas.